
Bueno comenzaré mencionando que no me encuentro en una situación de pobreza como para contar mis condiciones, pero si me ha tocado vivir de muy de cerca la pobreza ajena.
Creo que en la vida no se puede permanecer con los ojos cerrados a la situación de otros, de los otros que realmente sufren porque no pueden satisfacer sus necesidades que para nosotros son tan básicas y jamás hemos carecido de alguna. Por eso decidí asistir a las misiones de mi colegio, donde me contaron que la gente que menos tiene bienes materiales son las que mas nos pueden entregar amor, cariño, alegría y buenos momentos, donde el misionado no es el hombre al cual visitamos sino nosotros mismos que al hacer estas buenas obras aprendemos a mirar la vida con otros ojos y valorar cada cosa que tenemos.
Ahora les voy a contar una de las historias que misionando mas me ha marcado.
Este año en verano partimos un día soleado a misiones con destino Lautaro, un pueblo muy escuchado por muchas, pero que quizás no nos habíamos dado el tiempo para ir a conocerlo y pasar unos días. Llegamos a la hora de almuerzo y yo muy ansiosa esperando el momento para salir en grupos a visitar la gente, me toco el primer día salir sola con un compañero mas grande y experimentado, por lo tanto, me daba un poco de vergüenza compartir con la señora de la primera casa. Una vez terminada esa casa pasamos a la siguiente donde me pille con una familia que donde la señora tenía tres hijos a los cuales alimentar.
Creo que en la vida no se puede permanecer con los ojos cerrados a la situación de otros, de los otros que realmente sufren porque no pueden satisfacer sus necesidades que para nosotros son tan básicas y jamás hemos carecido de alguna. Por eso decidí asistir a las misiones de mi colegio, donde me contaron que la gente que menos tiene bienes materiales son las que mas nos pueden entregar amor, cariño, alegría y buenos momentos, donde el misionado no es el hombre al cual visitamos sino nosotros mismos que al hacer estas buenas obras aprendemos a mirar la vida con otros ojos y valorar cada cosa que tenemos.
Ahora les voy a contar una de las historias que misionando mas me ha marcado.
Este año en verano partimos un día soleado a misiones con destino Lautaro, un pueblo muy escuchado por muchas, pero que quizás no nos habíamos dado el tiempo para ir a conocerlo y pasar unos días. Llegamos a la hora de almuerzo y yo muy ansiosa esperando el momento para salir en grupos a visitar la gente, me toco el primer día salir sola con un compañero mas grande y experimentado, por lo tanto, me daba un poco de vergüenza compartir con la señora de la primera casa. Una vez terminada esa casa pasamos a la siguiente donde me pille con una familia que donde la señora tenía tres hijos a los cuales alimentar.
Ella era una mujer tan agradecida de la vida que me sentí muy mal al darme cuenta que alegaba por no tener plata en el celular o porque la ducha estaba fría, cosas que ella jamás hubiera pensado. Esa mujer nos contó su historia, su pasado, su inmensa fe en Dios que iba a triunfar y poder salir adelante de su situación. Tanto me encariñe con ella que le di mi mail y un día ya en horario de clases recibo un misterioso mail, claro era ella contándome como iba día a día esforzándose para que sus hijos tuvieran un buen futuro y me nombraba las cosas que con el sudor de su frente hacia para crear una feliz familia.
Para concluir me cabe decir que después de conocer a esa señora creo que me doy cuenta que no valoramos lo que tenemos y ellos lo poco que tienen lo valoran el triple.
Para concluir me cabe decir que después de conocer a esa señora creo que me doy cuenta que no valoramos lo que tenemos y ellos lo poco que tienen lo valoran el triple.
